En el cementerio actual [2018] de Logroño hay un rincón, ya invadido en sus laterales y partes traseras por los difuntos recientes, que corresponde a la residencia de muertos del siglo XIX.
Su estructura urbanística gira en torno a la calle hoy denominada de San José, pero no tiene nada que ver con el racionalizado plano que va formándose con posterioridad.
Las tumbas y panteones se alinean en dirección este-oeste únicamente respetando el pasillo central. El resto es jeranquía, como la de los ángeles, social decimonónica.
En primera fila del deambulatorio están los aposentos postmortem de los históricos del ochocientos. Unos con locales claramente definidos en espacio y suntuosidad, otros con más recato, o en esta misma línea o a la espalda de los anteriores, pero siempre cumpliéndose a rajatabla eso de:
Así en la tierra como en el cielo. Las prioridades, los protocolos, los puestos, ... también están en el cementerio, como antes se había dado en la vida terrenal.
Hay algo más de dos centenares de alojamientos, entre los ubicados en la pared de entrada que mira al Ebro, la calle central y las periferias del lateral izquierdo,
tal como se puede ver en el
plano adjunto.
"Allegados, [NO] son iguales,
los que viven por sus manos e los ricos"
En el fondo del oeste, cerrando la calle principal de la ampliación del cementerio municipal decimonónico, presidiendo y vigilando, y con grandes vistas, el mausoleo más grande, más alto -con planta baja y ático-, más de muerto importante, ... el del Exmo. Sr. D.
Juan Domingo de Santa Cruz, "el rico más rico de todos los ricos" del Logroño finisicular decimonónico, y de su familia posterior.
Le sigue en volumen de construcción, en altura y en amplitud de parcela de terreno, aunque más discretamente situado -en el centro, a la derecha, de la calle principal anterior al cementerio religioso- el mausoleo de la familia Manuel Martínez Pérez y su mujer Isabel García,
Marqueses del Romeral, que mueren sin descendencia.
En el camposanto primitivo, la tumba de la
familia Eulate y Acedo, y junto a ellos, y como escondido -¿de vergüenza?-, la misma del único noble titulado que hemos documentado en este recinto decimonónico, la del Marqués de Fuentegollano.
El resto de las tumbas presentan una mayor uniformidad -"más iguales"-, aunque entre ellos son patentes las distinciones o grados, en consonancia con su nivel económico-social. Están las tumbas de conocidos profesionales, de comerciantes e industriales sobresalientes, de hacendados, y una dedicada a los
militares ahogados en el Ebro en 1880.
Cementerio Civil ||
Tumba de Jacinta y Espartero